Glioblastoma en adultos mayores: Mejorar la supervivencia y la calidad de vida

Foto de un hombre mayor y una mujer joven, posiblemente su hija, con su brazo alrededor de él

Por Nicole Brudos Ferrara

El glioblastoma es un cáncer agresivo que se presenta en el cerebro y la médula espinal. Aunque puede ocurrir a cualquier edad, lo más común es que se presente en adultos mayores. La edad promedio del diagnóstico es 64 años.

El glioblastoma, también conocido como glioblastoma multiforme, puede provocar dolores de cabeza, náusea, vómito y convulsiones que van empeorando. Los síntomas varían según el tamaño del tumor, la ubicación y la velocidad con la que crece. El glioblastoma también causa confusión o deterioro de la función cerebral, pérdida de la memoria, dificultad con el equilibrio y problemas de la vista, todos síntomas que bien puede una persona mayor malinterpretar como parte del proceso de envejecimiento.

«Los pacientes más jóvenes suelen tener más consciencia de estos cambios pequeños y van al médico cuando realmente observan algo. Los pacientes mayores que tienen problemas con la memoria o con la claridad del pensamiento pueden pensar que esto se debe a otras causas y no conectarlo con un tumor cerebral, lo que puede postergar el diagnóstico y el tratamiento», comenta el Dr. Sujay Vora, oncólogo radioterapeuta en Mayo Clinic.

Pese a que los tratamientos pueden reducir estos síntomas y hacer más lento el avance del glioblastoma, generalmente no es posible curarlo. Por ello, al elaborar el plan de cuidado para el paciente, es importante sopesar los beneficios del tratamiento y los efectos secundarios que podrían disminuir la calidad de vida. «En los pacientes mayores, mucho depende de otros problemas de salud y del estado físico general», afirma el Dr. Vora.

Tratar el glioblastoma junto con otras enfermedades

Cuando el examen neurológico hace sospechar la presencia de un tumor cerebral, normalmente se hace una resonancia magnética. Este examen emplea un campo magnético y ondas de sonido generadas por un computador para crear imágenes detalladas de los órganos y los tejidos.

Si la resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) confirma la probabilidad de un glioblastoma, el siguiente paso consiste en hablar con un neurocirujano, o cirujano del cerebro. Los médicos deben considerar varios factores, tales como la edad, la ubicación del tumor, el tejido cerebral aledaño y la capacidad personal de recuperarse con éxito de la cirugía para extirpar el tumor.

Es imposible extirpar totalmente el tumor, ni siquiera en los casos en que el paciente está suficientemente sano para someterse a la cirugía y recuperarse por completo, porque el glioblastoma crece dentro del tejido cerebral normal. «La labor del cirujano consiste no solo en hacer el diagnóstico, sino también en extirpar la máxima cantidad de tumor que sea posible, sin poner en peligro al paciente», explica el Dr. Vora.

Después de considerar y llevar a cabo la intervención quirúrgica, la siguiente fase en el tratamiento del glioblastoma es la radiación, que generalmente se administra juntamente con quimioterapia por vía oral. En el caso de las personas mayores que tienen otras enfermedades o no pueden cuidar de sí mismas, hacer varios viajes para recibir un tratamiento que posiblemente provoque efectos secundarios desagradables puede ser muy inconveniente.

«El hecho que un paciente sea capaz de cuidar de sí mismo y no necesite ninguna ayuda es un buen indicador de cómo manejará el tratamiento; pero si necesita ayuda o ya está algo debilitado, probablemente se le ofrezca un ciclo más corto de tratamiento», observa el Dr. Vora. 

El ciclo normal de radiación es de seis semanas. «En los pacientes mayores, se suele acortar el ciclo de la radiación a un período entre una y tres semanas; pero para determinar el mejor plan de tratamiento, hay que considerar qué es lo mejor para el paciente», aclara el médico.

«Tengo un paciente de 70 años, sin otros problemas médicos y a quien se le puede extirpar todo el tumor. Además, los exámenes genéticos parecen indicar que podría responder favorablemente a la quimioterapia y la radiación. En esta situación, se puede tratar al paciente con un ciclo de seis semanas de radiación», dice el Dr. Vora.

«Sin embargo, tengo también un paciente de 70 años con enfermedad cardíaca y pulmonar que le restringe la movilidad, de modo que lo lógico es administrarle un ciclo más corto de radioterapia», añade.

Los pacientes mayores suelen tener pronósticos peores que los más jóvenes, debido a varios factores. «En un paciente más joven, la mediana de supervivencia probablemente está en el rango de 15 a 20 meses; mientras que en un paciente de más edad, la mediana de supervivencia probablemente está en el rango de 9 a 12 meses. Lo más sensato con los pacientes mayores es ofrecerles un tratamiento que sea más práctico y conveniente para que puedan gozar de más tiempo de calidad con sus seres queridos», señala el Dr. Vora.

Estudiar opciones para prolongar la calidad de vida

El Dr. Vora actualmente lleva a cabo un estudio que combina imágenes médicas avanzadas con la administración de radiación avanzada para ayudar a los pacientes mayores que acaban de recibir el diagnóstico de glioblastoma.

«Hace aproximadamente un año y medio, empecé un ensayo clínico con pacientes mayores de 65 años, donde se emplea un ciclo más corto de radiación, de entre una y dos semanas de duración y que se administra mediante la terapia con rayo de protones, con mejores imágenes del tumor obtenidas gracias a la información de la tomografía por emisión de positrones  (PET, por sus siglas en inglés), además de las imágenes de la resonancia magnética», señala el médico.

La terapia de protones es más precisa que la radiación tradicional, porque utiliza partículas subatómicas con carga positiva (protones) que liberan su energía dentro del objetivo, o sea, el tumor. Hay una pequeña dosis de radiación que entra por la piel, pero prácticamente nada va más allá del tumor. Debido a que el haz de protones se puede controlar con más precisión que otros tipos de radiación, los especialistas pueden administrar sin peligro dosis más altas de radiación en los tumores. Esta terapia muy dirigida es ideal para las personas con tumores en el cerebro.

«Esperamos que la combinación de mejores imágenes con la administración de una radiación más avanzada con haz de protones permita apuntar con más precisión contra el tumor. Esta combinación puede prolongar el tiempo que el paciente tiene para gozar de su familia con buena calidad de vida», opina el Dr. Vora. 

Encontrar la mejor atención médica para el glioblastoma

Si le diagnosticaron glioblastoma o usted cuida de alguien que se encuentra en esa situación, el Dr. Vora le recomienda buscar un centro oncológico multidisciplinario para el tratamiento.

«Esta enfermedad requiere de un equipo integrado de neuroncólogos, neurocirujanos, neurorradiólogos, neuropatólogos y oncólogos radioterapeutas. Contar con ese tipo de atención médica integral brinda a los pacientes y sus cuidadores información completa a fin de que puedan tomar decisiones buenas e informadas respecto al tratamiento», apostilla el Dr. Vora. 

Los centros oncológicos multidisciplinarios también ofrecen cuidados de apoyo para pacientes y familiares, además de contar con trabajadores sociales para garantizar que las personas diagnosticadas con cáncer y sus cuidadores reciban la ayuda que precisan. En este tipo de centros también se ofrece atención paliativa, que es un tipo especializado de cuidados médicos enfocados en aliviar el dolor y los demás síntomas de una enfermedad grave, cualquiera que sea el diagnóstico del paciente o la etapa de la enfermedad. El objetivo de la atención paliativa es mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes como de la familia y se ofrece juntamente con otros tratamientos que el paciente puede recibir.

«Trabajamos en equipo no solamente para ayudar a que la gente con glioblastoma viva más tiempo, sino también para mejorar su calidad de vida», concluye el Dr. Vora.

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